Ya llego la época navideña y con ella el inche tráfico todos los días y a toda hora, los atracos a los que felices reciben su aguinaldo, el despilfarro generalizado, los intercambios obligatorios, pero sobre todo las sonrisas en las caras de muchos comerciantes y de unos pocos niños. Y estoy seguro que no faltará quien me regale los calcetines que recibo cada año. Si bien es cierto que ya desde mediados de noviembre se podían disfrutar de los precoces adornos en las casas y hasta arboles de navidad que bien se podían ir decorando provisionalmente con calabazas y calaveras de las que sobraron en halloween, es ahora que podemos vivir ya en toda su gloria el hipócrita espíritu navideño y podemos embriagarnos a la salud del niño dios (como si hicieran falta pretextos para éso). También están proximas las cenas de fin de año en las oficinas, que sirven en algunos casos para congratularnos de lo igual que seguimos desde el año pasado, o del éxito que tuvimos al incrementar nuestro poder adquisitivo o lo que es lo mismo, que podemos consumir más, o para ver al jefe hacer el ridículo después de algunos whiskies. Me pregunto ¿cuan gloriosa sería esta temporada si hiciéramos caso a ésa bonita frase que dice "regale afecto, no lo compre"? Se me hace que muchos se sentirían ofendidos, sobre todo los comerciantes, y algunos creerían que hemos dejado de apreciarlos por el simple hecho de no asumir la a veces fastidiosa tarea de buscar algo para regalarles y y terminar dándoles unos calcetines...
Feliz navidad, hanuká, vacaciones o lo que sea...
jueves, 6 de diciembre de 2007
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