Esta cancion ni siquiera me gusta, pero me ha dado vueltas en la cabeza hace muchos dias y la maldita se resiste a salir de mis pensamientos. Es como un demonio que se ha metido en mi y que desde dentro dice: ¡YOU CANNOT HIDE!
"Still I wake up in the morning thinking of you"
Here I am walking next to no one
Somehow I feel you are following me
Here I am sitting next nothing
Somehow I feel you are next to me
Oh... don't you ever leave me
Oh... stay forever nearly
I have lost everything completely
Still I wake up in the morning thinking of you
Still I wake up in the morning thinking of you
I have lost everything I ever had in mind
Still you around...
I am singing this song to shine a light of hope into my life
A memory of us
Cause there would always be a special place for me inside your heart
Inside your heart
Cause there would always be a special place for me inside your heart
Inside your heart
¡un exorcista por favor!
viernes, 29 de agosto de 2008
miércoles, 20 de agosto de 2008
"¡Oh memoria! Enemiga mortal de mi descanso"

Yo fui como el Quijote, ella, como Sancho Panza. Yo no perdí la ilusión nunca, no realmente, seguí peleando con fuerza, hice lo que creí necesario, le di tiempo, le ofrecí todo, concedí y pedí, las fuerzas no se me acabaron, mucho menos el amor. Seguiría luchando aun ahora contra molinos de viento tomados por gigantes enemigos de la razón, del carácter, de los miedos y traumas, aun ahora que ya esta decidido el final. Pero esta es su pérdida, no la mía (gracias, Sara). Ella perdió la ilusión y la fe, las ganas de luchar, pero sé que aun me quiere y por eso no acabo de entender, ni de pensar que esto es un mal sueño y que pronto voy a despertar junto a ella. Tampoco dejo de recordar todo lo que vivimos juntos y me causa mucho dolor saber que debe quedarse atrás, en el pasado y que nada de eso se repetirá jamás. Daré vuelta a la pagina, pero no hoy, hoy todavía repaso involuntariamente las lineas que escribimos juntos, maldito subconciente traicionero.
Ojala hubiera sido un final mas intenso, con gritos y pelea y un "¡vete al diablo!" salido del corazón, así sería mas fácil aceptar esto.
jueves, 14 de agosto de 2008
¡Cómo no intentarlo!
martes, 12 de agosto de 2008
Dios es vengativo.
Ayer cuando desperté vi que era un día propicio para venir a la oficina en la motocicleta, ésa motocicleta que ha empezado a oxidarse y a rechinar cuando freno violentamente. Caí en una trampa divina. El cielo se mostraba azul, sin una sola nube, de hecho éso me despertó pues la ventana de mi habitación da al oriente, el lugar por donde usualmente sale el sol para hacer que abra los ojos de nuevo sin tener consideración de mis dificultades para dormir lo suficiente en estos días amargos. Y salí optimista a burlarme del transito y a esperar encontrarme a otro motociclista que estuviera a la altura de mi imprudencia para jugar una carrera entre los autos que se ven aun mas lentos cuando montas dos ruedas y un motor. Pero no, ni en eso tuve suerte. El día acá en la oficina se escurrió casi como cualquier otro, con la salvedad de una charla electrónica revitalizante. Pero afuera y adentro Dios omnipresente se preparaba para seguir desatando sobre mí su rencor que no comprendo todavía.
Se nubló "horrible", "diferente", (así dice la fresa de la oficina) y cuando llegó la hora de irme, llovía. Y no es la primera vez que me pasa, hace casi dos meses sucedió igual, pero ahora no me fue tan mal, aquella vez sufrí la segunda caída de la moto: renové el raspón de la rodilla que apenas comenzaba a curarse después de aquella primera caída, y me hice unos nuevos en las manos, pero nah! nada serio. Creo que ahora hasta disfrute el paseo bajo la lluvia, las emocionantes patinadas en las rejillas metálicas del periférico y las salpicadas que los microbuseros complices de Dios "involuntariamente" me dan. Y llego a casa indemne, me bajo de la moto, me quito el casco para que el señor todopoderoso vea quien le habla y digo: ¿qué, éso es todo? mmmmta!
Se nubló "horrible", "diferente", (así dice la fresa de la oficina) y cuando llegó la hora de irme, llovía. Y no es la primera vez que me pasa, hace casi dos meses sucedió igual, pero ahora no me fue tan mal, aquella vez sufrí la segunda caída de la moto: renové el raspón de la rodilla que apenas comenzaba a curarse después de aquella primera caída, y me hice unos nuevos en las manos, pero nah! nada serio. Creo que ahora hasta disfrute el paseo bajo la lluvia, las emocionantes patinadas en las rejillas metálicas del periférico y las salpicadas que los microbuseros complices de Dios "involuntariamente" me dan. Y llego a casa indemne, me bajo de la moto, me quito el casco para que el señor todopoderoso vea quien le habla y digo: ¿qué, éso es todo? mmmmta!
lunes, 11 de agosto de 2008
Dias sin incidentes: ¡45!
La situación no esta realmente mucho mejor, yo sin embargo, sí. La tristeza no ha desaparecido, pero puedo enfrentarla sin verme obligado a degustar por segunda ocasión y en dirección contraria los alimentos que ingiero. ¡albricias!
jueves, 7 de agosto de 2008
Fotos, Fotos, Fotos!!!
Real de Catorce.
Zacatecas
Cuatrociénegas
Chihuahua
En el Chepe de Chihuahua a Divisadero.
Barrancas del Cobre.
Basaseachi
Ferry Topolobampo-La Paz (pichilingue)
Laguna de Cuitzeo
Resumen.
Al abrir la pagina, das click arriba a la derecha onde dice "slideshow".
Enjoy.
Zacatecas
Cuatrociénegas
Chihuahua
En el Chepe de Chihuahua a Divisadero.
Barrancas del Cobre.
Basaseachi
Ferry Topolobampo-La Paz (pichilingue)
Laguna de Cuitzeo
Resumen.
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Enjoy.
martes, 5 de agosto de 2008
There and back again...
Real de Catorce. 12-Jul-08 Sábado.
Visita a Real de Catorce con una innecesaria escala en San Luis Potosí y otra necesaria en Matehuala. Llegué como a las siete p.m. tras atravesar el túnel de Ogarrio que inicialmente era una simple mina y que ahora es la principal entrada al pueblo. Fui recibido por un grupo de niños muy "acomedidos" y acompañado por uno de unos siete u ocho años, cuyos padres seguramente son unos hippies gringos que se enamoraron del lugar, busque y encontré hotel.
Procedí a explorar un poco el pequeño pueblo y luego procedí a explorar el interior de unos vasos con whisky en un bar rockero con unos weyes de nombre "Estación Wirikuta". Excelente experiencia. Ya como a la una y media de la mañana en estado incrospido regrese a mi cuarto de hotel acompañado por la sensual soledad que viene en este viaje conmigo, pero ni siquiera acá estando lejos de mi dolor puedo dormir apropiadamente.
Domingo 13 de julio.
Hoy encontré a un pequeño guia que no sabía mucho realmente, pero era muy tierno oír como contaba las pocas cosas que sabe, como que las aprendió de memoria y las recita como cuando yo recitaba poemas en la primaria el día de las madres. Vi el palenque, el panteón y la alameda. Todo es precioso, pero lo mejor son los paisajes y la gente sencilla y buena.

Después fui a lo que llaman "el pueblo fantasma" montado a caballo, creí que seria mas difícil controlar a la bestia, pero se me hizo realmente fácil, hasta tome fotos mientras iba montado. El pueblo fantasma es una zona de ruinas antiguas que hace unos ciento cincuenta años funcionaban como minas, es un lugar fabuloso. Me va a faltar visitar algunos lugares y comer peyote, pero ni modo, quiero seguir con el plan.

Conocí a Ángel, un artesano al que le compre un collar de jade en forma de peyote o hikuri, como le dicen los huicholes, me quede platicando muy a gusto con el un rato y al final hasta me invito a quedarme a acampar cerca de su casa si quería y no me cobraría nada, bastaba con que cooperara para comprar leña con la que hacen “el circulo de fuego” alrededor del cual cotorrean toda la noche y comen peyote, pero no, ya iba de salida. A lo largo del tiempo me he hecho la costumbre de comprar un collar durante cada viaje en los puestos de artesanías, guardo el anterior y no lo vuelvo a usar, solo uso el nuevo hasta que vuelvo a salir de viaje y consigo otro. Pero esta vez “el anterior” no iba a guardarlo como siempre, ése venia de un viaje que me trae recuerdos que me ponen muy triste, no porque sean recuerdos tristes, todo lo contrario, son memorias buenas pero no sé si las podré repetir con quien quiero tanto. Ni modo, el destino de ese viejo collar café sólo el Makanaqui lo podrá contar…
Después de platicar con el Angelito me encamine hacia la salida del pueblo, la salida “fresa”, por el túnel de Ogarrio y pregunte si me podía ir caminando en vez de tomar el camioncito que te saca del pueblo por ese increíble túnel y sí, se puede salir a pie si uno quiere auque tiene unos 3 kilómetros de largo pero no importo, me fui caminando unos tramos y otros corriendo porque tenia que llegar al otro lado antes de que se fuera el autobús que va para Matehuala y es que si se me iba ése tendría que esperar tres horas al siguiente.

Al fin creo que mi condición física esta mejorando porque llegue al otro lado mucho antes que el camioncito ése. Y cuando iba caminando por el túnel a alguien le pareció que yo era un buen motivo para una foto porque de repente en la oscuridad ¡flash! me lamparearon con una cámara. Estaría increíble tener una copia de esa foto.
[El regreso a Matehuala no tuvo mayores aconteceres]
San Luís Potosí-Zacatecas. 13-Jul-08 Domingo, 14-Jul-08 Lunes y 15-Jul-08 Martes.
Llegue a la central de San Luís como a las ocho p.m. y la siguiente corrida a Zacatecas era hasta las 10:20, entonces a esperar más de dos horas. De San Luís a Zacatecas fueron más de cuatro horas de viaje pero vaya que valieron la pena. Casi a las tres de la mañana pude encontrar un hotel cerca del centro de Zacatecas y descanse como nunca, sí, esta vez sí pude dormir apropiadamente. Me levante y ordene mis cosas, saque el mapa de la cuidad y el teléfono del Makanaqui, salí a explorar y tomar fotos pero ¡chin! que se le acaba la pila a la cámara y eso precipito la decisión de llamar al cuate de mi hermana. Lo encontré vendiendo sus collares y cosillas en uno de los callejones cerca de la catedral. Excelente tipo, zapatista de corazón, neta. Generoso y dispuesto a tender la mano a los cuates y a los cuates de los cuates. Me dio chance de poner a recargar la batería de la cámara en la “tienda zapatista” que es un lugar que destina las ganancias al apoyo de las comunidades zapatistas en Chiapas. Me ofreció su casa para descansar o dejar mis cosas mientras recorría la ciudad, pero aunque Cris me dijo que era de toda la confianza, como buen chilango, no me animé sino hasta más tarde. Y mientras se recargaba la pila de la cámara, conocí el museo zacatecano que alberga entre muchas otras cosas un increíble mural huichol en el muro del descanso de la escalera. Luego a la Alameda y el jardín de la madre y ya, de regreso a recoger el cargador para encaminarme a la mina “El Edén” que es un fabuloso lugar ahora, aunque hace mucho tiempo era terrible para quienes ahí trabajaban, pero bueno, ahora se puede disfrutar ampliamente sobre todo con un guía tan cotorro como el que me toco. Al salir de la mina me refresqué con un manjar llamado “mangonadas”, que son como unas congeladas deliciosas que por tres pesos las vende un señor quien sin rastros de vergüenza dice que son un invento chilango que el se fusilo una vez que vino al DF. Luego, camino hacia el teleférico que desde la estación tiene una vista notable de la ciudad pero nada en comparación con la vista que hay a medio camino en el teleférico y a su vez esta no se compara con la que se puede disfrutar desde el cerro de la Bufa. Ahí conocí el panteón de los hombres ilustres y me subí hasta la cima del cerro aunque casi no lo logro porque debo decir que traía encima la mochila con unos 15 kilos.

Desde ahí la vista es “definitiva”, no hay nada más allá en cuanto a vistas de la ciudad. Luego, lo mas difícil fue bajar, ya no podía más, pero no había de otra. Baje lentamente por el costado del cerro hasta el centro y me encamine hacia el puesto del buen Oscar Makanaqui, eran casi las 6 p.m. y yo no había comido todavía pero por casualidad, creo, él tampoco así que nos fuimos juntos a comer al mercado, luego regresamos pero él tenia que quedarse otro rato vendiendo y yo me fui a seguir explorando, ya había decidido aceptar la invitación de quedarme en su casa. Caminé y caminé, tome algunas fotos y por alguna razón decidí que era momento de cortarme el pelo, pero no encontré otro lugar mas que uno llamado “Estética de Pao”, sí, ni modo. Ya estaba demasiado cansado de caminar y no seguiría buscando. Después regresé por Oscar para ir a descansar a su casa. Cotorreamos un rato de la vida, de los planes, del sistema y los ideales, etc., y me mostró el taller donde hace sus trabajos de artesanía y playeras. Al otro día ya estaba más repuesto y dispuesto a caminar, subir y bajar por la ciudad y recorrerla de lado a lado. Visita obligada al museo Rafael Coronel con sus más de 10,000 mascaras dentro de las ruinas de un viejo convento, increíble lugar. Luego al museo Pedro Coronel que contiene una colección de arte de todo el mundo ¡wow! Y de ahí al acueducto y al hotel quinta real y a la iglesia gótica de Fátima, todo fabuloso. Pero donde ya no pude y me gano el sentimiento fue en el parque cerca del acueducto, comencé a recordar cosas y me venció la nostalgia, en fin, que le voy a hacer, todavía no puedo. Pero ya se me andaba haciendo tarde y me fui de volada a la tienda zapatista antes de que se fuera Oscar. Y ahí me tome un café hecho con el grano traído de Chiapas, muy sabroso y compre una playera de las que hacen en el taller y ya, fuimos por mi mochila a su casa y me encamine hacia Torreón para ir en busca de Cuatrociénegas y la Zona del silencio.
Increíble ciudad esta de Zacatecas, seguro que volveré y ojala también vuelva a ver al buen Oscar.
Cuatrociénegas. 15-Jul-08 Martes-16-Jul-08 Miércoles.
Llegue a la central de Torreón casi a las 12 de la noche y para mi suerte el ultimo autobús a Cuatrociénegas había salido media hora antes ¿y ahora? Pues me valió madre y me quede a dormir en un rincón de la central después de comprar el boleto para el siguiente camión que salía a las 7:30 de la mañana. No recuerdo bien pero creo que fueron como tres horas y media de camino para descubrir ese increíble lugar en medio del desierto aunque desgraciadamente no tiene la infraestructura suficiente para atender al turista común y corriente como yo. En fin, investigue, explore el pueblo y en palacio municipal me mandaron con una asociación llamada “Desuvalle” y ellos me dieron los números de teléfono de algunas personas que me podían dar el tour por las posas del desierto. Escogí al primero de la lista y, luego de averiguar como demonios se marca en ése pueblo desde un celular a un teléfono fijo, pude hacer contacto con un tal Heriberto Lugo, don Beto, como me dio por llamarle después de un rato. Gran personaje, antes minero y ahora dedicado con pasión a la atención del turismo.


Me dio el recorrido normal por las posas que están abiertas al publico y a las increíbles dunas de yeso, pero además de manera clandestina e ilegal nos metimos a una posa que esta dentro de una propiedad privada y ahí pude nadar y aventarme unos clavados de panza y de bomba por que no es muy profunda, apenas unos dos metros en su parte mas honda. Éste es un verdadero oasis en el desierto, lastima que el tema del turismo esta tan mal manejado, sobre todo porque la gente del pueblo se dedica solo a eso. ¿y don Beto? Un personajazo que a sus 78 años anda queriendo aprender a volar parapente para ofrecerlo a los turistas como otra de las actividades del lugar. ¿Qué tal?
Cuatrociénegas-Torreón-Chihuahua. 16-Jul-08. Miércoles (noche). 17-Jul-08. Jueves.
Después de la pequeña pero memorable aventura en cuatrociénegas regreso a Torreón sólo para encaminarme a Chihuahua ya que Don Beto me quito la intención de ir a la zona del silencio porque me dijo que realmente no había nada que ver ahí, que mejor no perdiera mi tiempo y le hice caso pues se gano mi respeto desde el principio y eso que siempre tengo problemas con la gente mayor, pero no con él.
Llegando a Torreón tuve mas suerte en el trasbordo a Chihuahua pues estaba a punto de salir el autobús y así como me baje de uno me subí al otro para avanzar hacia la ciudad mas al norte de mi recorrido con la idea de transbordar también inmediatamente rumbo a la siguiente parada, pero no se pudo porque el tren a las Barrancas del Cobre solo sale una vez al día y es por la mañana, así que tuve que quedarme un día en la capital del “estado grande”. Nunca me había llamado la atención ésta ciudad y la verdad es que era por ignorancia pues es muy bonita, cuidada, limpia e interesante, llena de historia y de gente buena, sencilla y amable, además de muchas chicas muy lindas por todos lados. Y aunque me faltaron muchos lugares por recorrer, puedo decir que fue muy bueno haber pasado todo el día recorriendo y conociendo a pie tanto como pude: el centro histórico, la catedral, el palacio de gobierno, la plaza libertad, las fuentes bailarinas en la noche, un muy divertido recorrido en el “troley” por diversos lugares históricos acompañados de unos actores que montaban representaciones de eventos ocurridos en sus calles y edificios antiguos.

Y bueno también aproveché para realizar un par de acciones estratégicas, como llevar a una pequeña lavandería mi ropa sucia y meterme a un café Internet para chatear un poco con la banda y contestar algunos e-mails ¡ah! y también, claro, para comprar los boletos del tren para salir temprano al otro día con rumbo sur-poniente hacia la estación divisadero en medio de la sierra tarahumara.
Chihuahua-Divisadero. 18-Jul-08. Viernes.
El tren sale a las 7 a.m. y te piden que llegues media hora antes, así que tuve que levantarme como a las 5 y media para arreglar todas mis cosas y dejar el hotelito que ocupe por dos noches. Llegue a la estación como al veinte para las siete y ¡madres! Estaba todo lleno de gente, unos esperando subir al tren y otros haciendo fila para comprar su boleto ¿apenas? inches flojos. Pos ni modo, me puse en la fila de los que íbamos a subir al tren y afortunadamente subí rápido. Mi primera vez viajando en tren, mágico.

Creí que sería pesado y aburrido pues serían siete horas hasta mi destino pero no, todo lo contrario gracias a mi compañera de asiento. Una chica de mi edad que viajaba con su hija y una sobrina e iban a un pueblito llamado San Juanito, la tercera estación desde Chihuahua, y aunque solo fue durante la mitad de mi trayecto, me hizo la mañana esa linda mujer de ojos verdes y dulce carácter, tan platicadora y dispuesta a escuchar y a sonreír y a sorprenderse con cualquier detalle que el paisaje ofrecía, y vaya que si los ofrecía, todo el recorrido es para disfrutarse: cascadas, ríos, montañas, sembradíos de manzanas, pinos, bosques, pueblitos perdidos en la sierra, el olor de la madera fresca, etc., etc., una experiencia que no voy a olvidar jamás y seguramente repetiré algún día acompañado de quien mas quiero (eso espero). Sara, la chica de ojos verdes y sus pequeñas acompañantes se bajaron, pero antes nos tomamos unas fotos e intercambiamos direcciones de e-mail y yo le prometí mandarle ésas fotos cuando pudiera y ella prometió escribirme cuando regresara a Irving, el lugar donde vive en Estados Unidos cerca de Forth Worth en Texas. Nos dimos un abrazo y adiós “un gusto conocerte” (nunca dicho con mas sinceridad). El tren y yo continuamos y pasamos Creel, Pitorreal, llegamos a Divisadero y para abajo a explorar y conocer, buscar hotel y un lugar para comer porque ya traía un hambre tremenda. Pero a pesar de que inmediatamente que uno se baja del tren puede oler las garnachas que se venden a un lado de las vías, preferí ir a investigar pues además todos los puestecitos ya estaban llenos de hambrientos iguales a mí, pero yo me aguante por que además la mayoría de ellos se volvería a subir al tren unos 15 minutos después y dejarían mas tranquilo todo para poder comer a gusto. Mientras, me fui al mirador y conforme iba acercándome a la orilla crecía la emoción pues la vista es ESPECTACULAR, así, con mayúsculas, en serio. Nunca ningún lugar me había impactado tanto como la Barranca del Cobre, lo juro. Será todo un reto encontrar algo natural que me impresione tanto. Se puede ver como las nubes están muy, muy debajo del lugar donde se esta parado, es enorme, es… indescriptible. Mi lugar favorito del mundo. Unos momentos después, pero aún sin haberme repuesto del impacto, procedí a comer y preguntar por un lugar para quedarme en la noche, y encontré unas cabañas en el pueblo de Areponapuchi que esta a unos tres kilómetros de la estación y desde donde también se pueden observar las barrancas pero desde un punto diferente y según yo, mucho mejor, mas impresionante y no puedo dejar de decirlo, es hermoso este sitio, no hay nada igual. Y el pueblo es como de cuento, lo atraviesan ríos con cascadas, hay niños jugando en los prados y el olor a bosque es tan profundo que se siente una paz y una tranquilidad que dan ganas de quedarse, de quedarse para siempre…
Divisadero y Areponapuchi. 19-Jul-08. Sábado.
Me levanto y almuerzo unos huevos revueltos en el pequeño restaurante junto a las cabañas y me termino de despertar con la ayuda de dos tazas de café bien cargaditas. Mientras desayuno conozco a una familia que viene de Phoenix, muy serios pero muy amables: dos señoras, dos muchachas, una niña y un señor (¡pobre señor!). Como a las 10 a.m. comenzamos todos juntos el recorrido en camioneta por varios de los miradores a las orillas de la barranca, el mas notable es el que llaman la piedra volada, muy celebre en estos días porque cuentan que hace una semana cayó de ahí una señora y se mató obviamente y se supone que ya no se puede uno ir a parar allí pero ¡ja! mírenme ahí estoy.

Aunque ahora siento algo de culpa porque en cuanto vieron que yo andaba ahí, muchos otros quisieron ir también y nadie los detuvo, espero que no haya pasado nada. Continuamos el recorrido y llegamos a otro sitio con una vista muy bonita y venta de artesanías y un puente colgante sobre la barranca que hace mucho ruido y espanta a las mujeres y hace que tomen el camino que va por la orilla. Por ahí encontramos a unos menonitas o algo así, cerca de 15, la mayoría mujeres, muy raros o curiosos, pocos hablan y nadie se separa del grupo, todos gueros, gueros y huraños… compre un par de cosas a los artesanos tarahumaras, una parada mas en otro mirador y ya, regresamos a las cabañas como a la una y media…y ¡chin ahí voy de nuevo!
(Paréntesis) Sábado, una y media de la tarde. A esta hora normalmente iba de camino de la casa de Paola y es muy fuerte lo que siento ahora y me viene una pregunta que me lastima y de la que no tengo respuesta: ¿preferiría estar de camino a ver a Paola en vez de estar disfrutando de este maravilloso lugar? Sniff…sniff… se me hace un nudo en la garganta, por fortuna suena a lo lejos el tren que va a “Shihuahua” (así lo pronuncian acá) y me distrae un poco. –ahora que capturo mis notas del viaje se me ocurre una respuesta: preferiría estar aquí con ella-
Hay un par de cosas todavía que quiero hacer aquí en las barrancas: paseo a caballo hoy en la tarde y mañana tempranito caminar hacia el fondo de la barranca, a ver hasta donde llego…
…el paseo a caballo ha sido hasta ahora la mejor experiencia de mi vida. Fueron tres horas de recorrido entre el bosque de pinos en la sierra, atravesamos por ríos y cascadas, vi varias casitas del pueblo tarahumara en medio de la nada y de pronto se escucho el cencerro de unas cabras que andaban unos cien metros por debajo de nosotros y el ultimo tramo antes de desmontar fue por un muy estrecho camino a lo largo de un desfiladero enorme y donde había que confiar en la bestia sobre la que iba montado, pero esta ha sido sin duda la mejor parte del viaje hasta ahora. Al final del desfiladero ése desmontamos y caminamos unos 500 metros hasta llegar a una peña enorme a la que llaman “el guardián”. Desde allí se pueden ver varias cosas a la vez: la unión de la Barranca del Cobre con la de Urique, el cerro llamado “el puerto” debajo del cual nace el río, mismo que, desde donde estábamos se podía oír perfectamente como rugía pues en estos días lleva muchísima agua y según el guía debe tener unos cien metros de ancho en el fondo del valle, una maravilla. Muy tentador fue la idea de bajar al fondo de la barranca y llegar a las aguas termales al otro lado de la sierra, pero eso tarda unos cinco días: uno para bajar, uno para recorrer el río, otro para subir a las aguas termales, uno mas para regresar al fondo del valle y otro para subir de nuevo a Divisadero, unos $ 1,200 por día para los guías, la comida, agua, chelas, casas de campaña, etc., y no me resulto costeable aunque si lo considere seriamente… ni modo otra vez será.
Divisadero-¿Los Mochis? 20-Jul-08. Domingo.
Me levanto, desayuno y preparo mis cosas para dejar la cabaña. Salgo a caminar hacia la parte alta del cerro para despedirme de la barranca desde ese punto. Pasé como una hora ahí, contemplando la vista, pensando y llenándome de tranquilidad. Regreso a la cabaña y espero la camioneta que me llevara a la estación para esperar el tren e irme a Los Mochis. Llegamos y voy al mirador, recorro los puestos de los tarahumaras, compro un par de cosillas, espero y llega el tren pero… ¡sorpresa! Viene totalmente lleno y no dejan que nadie más se suba, nadie, ni uno solo y nos quedamos ahí casi 30 confundidas personas con los planes rotos. Había dos guapas españolas y un español que parecía mexicano, un grupo de 18 franceses y francesas y algunos nacionales conmigo. ¿Y ahora? Preguntamos y tratamos de ponernos de acuerdo para rentar camionetas que nos llevaran hasta Los Mochis, pero pedían demasiado, mil varos por persona, así que no, nadie quiso y cada quien a replantear su viaje. Me quede pensando y considerando mis opciones pues no habría otro tren si no hasta mañana y no hay otra forma de llegar a Los Mochis desde Divisadero. Saque algunos papeles de la mochila, la guía de carreteras y cayeron al piso unos folletos que me dieron en la oficina de turismo en Chihuahua con información de varios lugares de interés en el estado, entre ellos Basaseachi. Y me dije: ¿por qué no? Pos va, no estaba en los planes pero que más da. Y me puse a investigar como llegar allá y las opciones fueron: esperar el tren y regresar rumbo a Chihuahua y bajarme en San Juanito, ó tomar un autobús hasta otro pueblo llamado La Junta y ahí transbordar hacia el Parque nacional de Basaseachi. Me decidí por el bus, y en el conocí a una señora, Silvia, y me recomendó a un buen guía en Basaseachi y me contó su vida y de cómo un indio tarahumara la curó del cáncer y otros padecimientos y bla, bla, bla, bien cotorra la señora y muy amable como toda la gente de por acá.
Y llegue al pueblo ese de La Junta, un lugar perdido y sin mucho chiste creo yo más que la estación del tren. Compre mi boleto para el bus que sale mañana temprano a la cascada y surge una nueva pregunta: ¿habrá algún hotel en este pueblo? Decido interrogar a la chica que vende los boletos del autobús y me dice orgullosa que sí, que hay tres hoteles tres, uno “de primera” según ella y otros dos mas sencillos, yo solo quiero uno que tenga baño y agua caliente, así procedo a investigar. El “de primera” era como tres estrellas, pero caro, como si fuera de cuatro, entonces no, ése no y el segundo que encuentro está bien para mí, al fin que solo es un rato esta noche. Y cuando veo el nombre del hotel, me viene una sonrisa espontánea: “El viajero”.
Parque nacional de Basaseachic. 21-Jul-08. Lunes.
Salí del hotel muy temprano para ir a esperar el autobús que me traería a un lugar del que yo no había oído absolutamente nada. El autobús venia lleno, pero yo ya había pagado mi boleto y esta vez no iba a dejar que me abandonaran a mi suerte y menos en ése pueblo perdido y sin chiste. Un descuido del chofer y voy para arriba aunque sea parado o sentado en el pasillo. Encontré “lugar” hasta el fondo del camión en un hueco que se hacia entre lo asientos de atrás, ahí acomode la mochila y vamonos, para cuando el chofer se dio cuenta ya era tarde. La frase “no hay mal que por bien no venga” nunca fue mejor aplicada. Creo que la suerte ha estado conmigo todo el camino hasta ahora o será que he tomado buenas decisiones. Los lugares que he visitado son muy bellos, pero Basaseachic…es lo máximo. Sí, ya se que había dicho que las barrancas del cobre eran lo mejor y todo, pero este sitio me llega por mi lado débil: el agua. Al bajarme del autobús y dar vuelta en la primer esquina que creo que es la única esquina del pueblo, tras dar unos pocos pasos encontré a un guía que me ofreció llevarme a diferentes recorridos, y conseguirme hotel y darme toda la información que necesitara, una joya, barato, yo no podía pedir mas. Y me dejo en un mirador desde donde se ve la caída de la cascada de frente como a dos kilómetros con una magnifica vista hacia el valle y me explicó que había un camino que llega hasta el fondo de la cascada y si yo quería podía bajar, aunque me advirtió que era una hora de camino hacia abajo por vereditas en medio de la sierra. Tome mis fotos desde el mirador y considere la idea de bajar, pero no creí poder bajar con la mochila a cuestas, así que busqué donde encargarla. El parque nacional de Basaseachi es en su mayoría un bosque de confieras, o sea, de pinos de todo tipo y recorrerlo hasta sus entrañas por vereditas que bajan serpenteando a lo largo del cañón ha sido fantástico, la mejor caminata de mi corta vida. Llegue hasta el fondo, hasta el sitio donde muere la cascada y nace un río entre enormes piedras y árboles muy verdes. La cascada trae mucha agua en esta época de lluvias y se escucha muy fuerte como cae el agua y rompe contra las rocas en el fondo y mientras uno baja se siente la brisa que poco a poco termina por dejarte completamente empapado, nada mejor para refrescarte después del intenso descenso. Estar ahí abajo es toda una experiencia, sentí una tremenda alegría, como cuando se consigue un triunfo importante y es que así es, llegar hasta abajo no es nada fácil, la mayoría se queda a medio camino en un mirador llamado “la ventana”, desde donde se tiene una muy buena vista de la cascada y del valle, pero no es nada en comparación con llegar hasta abajo y sentir esa brisa. Y justo cuando comenzaba a sentirme recuperado comenzó a llover muy fuerte, pero ya no importó, ya estaba todo mojado, solo comencé a pensar que el regreso sería mucho mas difícil, pero quien piensa en regresar, yo no, todavía no. Me quede ahí hasta que empecé a sentir mucho frío y ni modo, comencé el triste camino de regreso. Así es, fue más triste que cansado subir por la veredita porque me hubiera gustado quedarme mucho tiempo allí, por siempre, pero hay que enfrentar la realidad. Subí lento, muy lento pero aun así alcance a una familia de gorditos que ya empezaba a subir cuando yo iba llegando al fondo y pronto los deje atrás y un rato después llegue hasta arriba, muy cansado pero aún faltaba mucho para poder descansar. Recogí mi mochila y ahora con esos kilos de más, a caminar hasta el otro lado, hasta el sitio donde salta el agua al vacío, deben ser unos dos kilómetros y medio de bajada también en medio del cerro. Yo creo que ya iba en trance o algo así, porque ni siquiera paré a descansar y al llegar al otro lado tras una hora de caminata encontré un río que corría muy fuerte y atravesé un puente que va por encima de ese río y llegue hasta el frente del mirador desde donde se puede ver a unos pocos metros como se precipita el agua, es impactante, se me puso la carne de gallina, se escucha muy fuerte como ruge el río antes de caer… es difícil de describir. Y eso no es todo, el valle que ha formado el río antes de la cascada es bellísimo y me declaro incompetente para escribir las palabras que lo describan con justicia. Si pudiera escoger un lugar para morir cuando me llegue la hora, sería éste, aquí me gustaría dar mi último aliento.

Basaseachic-Ciudad Obregón-Los Mochis. 22-Jul-08. Martes.
Cuando pregunte cuanto tiempo hacia el autobús hasta Ciudad Obregón creí que sería muy pesado y sí, lo fue, pero valió la pena sólo por el camino, pues fueron cerca de ocho horas atravesando la sierra que en esta época del año regala los mejores paisajes, todo verde, los ríos llenos de agua, las peñas, las enormes montañas de pura roca, etc. Y estoy seguro de que Hobbiton realmente existe y está en medio de esta hermosa sierra. Realmente disfrute el estado de Chihuahua aunque sé que me faltó visitar muchos lugares mas, pero ha sido realmente bueno venir hasta acá, a ver como me va en Sonora, Sinaloa y en Los Cabos. Aunque creo que será mucho más breve mi paso por ésos sitios porque solo veo la siguiente meta: el puerto de Topolobampo para tomar el ferry hacia La Paz.
Los Mochis-Topolobampo-La Paz. 23-Jul-08. Miércoles.

Llegue a los Mochis de madrugada, y en calidad de bulto busque un hotel, esta vez sin importar el costo solo quiero acostarme a dormir, por suerte el taxista me dejó en uno barato y bastante cómodo, hasta con tele. Pero el clima aquí es horrible, me sofoco, se me acaba el aire… muero…mue…ro…coff...coff…arrrgghhh…¡oh! ahí esta el climatizador, tal vez lo alcance antes de derretirme completamente… sí, ya está, lo enciendo y… ¡funciona! Muy bien la suerte sigue conmigo. Dormí regular a pesar de estar tan cansado, pero el calor es insoportable. En la mañana me levanto y almuerzo hasta saciarme pues anoche también me moría de hambre pero el sueño era más fuerte. Ya investigue como ir a Topolobampo ó “Topo” como le dicen aquí: a dos cuadras del hotel pasan unos camiones guajoloteros que me dejan cerca del puerto, pero me da miedo salir a la calle con ése calor a caminar dos cuadras, pero ni modo, no hay de otra. Antes de salir me entero de que el hotel tiene compu con Internet y decido contestar algunos e-mails. Ojala tuviera que contestar alguno de “ya saben quien”, pero no, no tengo ninguno de ella, ni debería tener. Salgo del hotel “firme y digno” a enfrentar el calor de Los Mochis y subo al camión ése en el que el chofer escucha a todo volumen canciones dolidas de Rocío Durcal que me lastiman y me hacen apretar puños y dientes, ¡chale! Llegamos y conozco en la calle a una señora que anda mas perdida que yo a pesar de ser de La Paz. Averiguamos juntos de donde sale el ferry y compartimos taxi porque resulta que no estaba tan cerca de donde nos dejo el camión ése de los dolidos. Compre mi boleto y a esperar tres horas para abordar. Y pregunte en cuanto tiempo llegaba desde “Topo” hasta La Paz -unas seis horas, dijo la linda señorita que vende los boletos, sí, hay muchas guapas por acá también, yo creo que el calor las mantiene delgadas y en buena forma. Pero poco a poco comencé a sentir nervios y como que algo no me latía, pensé que me iba a marear en el viaje y a vomitar, no sé, tenia un mal presentimiento. Y mientras esperaba llegó el ferry de La Paz y comenzó a descargar y a desembarcar toda la gente que no era mucha, pero si muchos los trailers, camiones, coches, etc., nunca pensé que sería tan grande, unos niños al lado mío contaron los trailers que bajaron: 27, además de camionetas, autobuses y otros. Impresionante. Y llego la hora de subir y buscar mi asiento y separarme de la señora ésa perdida porque yo tenía boleto con asiento asignado y ella no, a pesar de que ella lo compró antes que yo (se me hace que funcionó hacerle la plática a la de los boletos). El viaje es toda una experiencia, el movimiento del barco casi no se siente, pero si es medio molesto el constante ruido de los motores y la vibración durante todo el viaje. Al final no paso nada de lo malo que había pensado, pero si algo que no pensé: un caos total al llegar a La Paz, una fila enorme para bajar del ferry en la que nos hicieron esperar casi una hora, muy estresante y luego otra fila para revisar minuciosamente las maletas. No la pasé nada de bien allí, me estresé mucho y ya iba cansado y con sueño, pero lo peor estaba por venir. En mis planes estaba ir directamente a Cabo San Lucas sin detenerme en La Paz y así fue, pero ojala lo hubiera reconsiderado. Me aferré a irme inmediatamente y me subí al único autobús que iba a Los Cabos, pero ya iba lleno y tome la pésima decisión de irme en él aunque fuera parado pero… ¿tres horas y cansado, con sueño y medio de malas? Cualquiera diría: ¡no mames, que pendejo! Y pues sí ni como alegar. Fue un infierno, como a la hora ya no sabía que hacer, casi me voy a sentar al baño, pero con ése olor… Termine sentado y luego acostado en el pasillo del camión… ¿así o mas triste? y todo por no reconsiderar. A final llegamos y comenzó un peregrinaje por varios hoteles que estaban llenos, hasta que di con éste donde ahora escribo esto.
Cabo San Lucas. 24-Jul-08. Jueves.
Llegue como a las cuatro de la mañana con la espalda hecha pedazos, cansado y muerto de sueño. Mi inglés no es muy bueno, pero de alguna manera en ése lamentable estado en que llegue me hice entender con el ruquito gringo que me recibió en el hotel. Entre mi mal inglés y su pésimo español (¿o al revés?) acordamos el costo y los días que me quedaría y todo lo demás.
Cabo San Lucas es muy bonito, se pueden hacer muchas cosas si tienes ganas, tiempo y lana (en pesos o dólares, los reciben igual) pero al irme a tirar a la playa me di cuenta de que había sido una muy mala idea escoger un destino como éste. Venir y oír el mar y sentir el agua salada y ver en el horizonte nada más que el océano y el cielo, me trae muchos, muchos recuerdos y me empieza a ganar la nostalgia hasta el punto de arrepentirme por completo de estar aquí. Pensaba quedarme algunos días, pero mejor no. A rehacer el plan otra vez. Ni las decenas de gringas en bikini me distaren de la tristeza. En el plan también estaban Mazatlán y Vallarta, pero ya no más. Iré allá en el futuro. Solo hay algo que no puedo dejar de hacer: ver el célebre arco de piedra tan famoso y que aparece en las fotos de todos los que vienen. Decido hacerlo en kayak y es que desde la playa donde estoy no se ve, así que hay que ir en lancha, waverunner o algo y a pesar de que me dicen que no me conviene en kayak por lo fuerte que esta el viento, yo ahí voy de necio. La ida y vuelta me tomaron casi dos horas de remar y fue muy divertido sentir que a veces las olas casi me volteaban y llegar hasta el arco donde el mar rompe muy fuerte y finalmente conseguí lo que quería: terminar bien cansado para poder dormir mas fácil… tan a gusto que andaba allá lejos del mar. Mañana haré un nuevo itinerario.
Cabo San Lucas… ¿? 25-Jul-08. Viernes.
No me siento cansado y tengo suficiente lana todavía, pero estoy vencido, venir a la playa fue realmente muy mala idea y no me di cuenta de ello sino hasta que vi el mar y sentí la arena en los pies. Debí quedarme más tiempo en Real de Catorce y en Zacatecas y en Chihuahua y en Basaseachi. Confieso que desde el principio me paso por la cabeza la idea de que no debería ir a ninguna playa porque sabia lo que podía remover dentro de mí, pero decidí enfrentarlo… y perdí. Ya no tengo ánimos de nada, solo pienso en regresar a casa y dejar de huir y volver a la realidad. Me encanta el mar y disfruto mucho flotar panza arriba y ver el cielo o meterme bajo las olas cuando rompen en la playa y nadar mar adentro hasta cansarme o quedarme echado en la arena y oír las olas, pero no así, no sin ella. Compré un boleto de avión de San José del Cabo a Guadalajara. Yo nunca había viajado en avión, fue una mas de las experiencias nuevas vividas en este viaje. “los viajes ilustran” dice la gente. Aunque me tocó en la ventana y cerca de la turbina de éste auténtico “guajolojet” que es mas bien como un autobús con alas, pude disfrutar el vuelo desde el momento en que toma velocidad para despegar, luego sentir como se separa del suelo de repente y después ver el mar desde el cielo y las nubes por debajo de uno. Mas tarde pasamos sobre las Islas Marías y se veían increíbles desde el aire, luego las costas de Vallarta, algo de turbulencia durante un rato y finalmente la Ciudad de Guadalajara, un intento fallido de aterrizaje por causa de la lluvia, una vuelta mas por encima de la ciudad, más turbulencia y ahora si, un exitoso aterrizaje. Al llegar pensé en seguir rumbo a Patzcuaro y Morelia y después la Piedad, pero quiso el destino que no coincidiera mi llegada con la salida de ningún autobús a ninguno de esos destinos y no quise quedarme en Guadalajara. Ya con los ánimos por el suelo y con decenas de salidas de autobuses a México decido volver a casa una semana antes de lo planeado. Quedó pendiente en el itinerario el ferry de La Paz a Mazatlán y Puerto Vallarta y San Blas y el paso por el Bajío, pero esto no ha terminado.
México, casa. 26-Jul-08. Sábado.
6:10 a.m. Volver a casa debería ser motivo de alegría, aunque no estuve mucho tiempo fuera, pero ver rostros conocidos y la gente que quiero debería ser bueno. La pasé realmente bien durante casi todo el viaje, pero como pasa con todas las cosas importantes, basta con solo un pequeño detalle para echar todo abajo, como mis ánimos. Sin embargo, no podré olvidar nunca éstas dos semanas que quedaran por siempre como un de los highlights de mi vida. Alcancé la mayoría de los objetivos que me plantee desde el principio y no me refiero solamente a los lugares que visite, sino también a otros objetivos más bien “espirituales”. Por suerte llegué de madrugada a ésta caótica ciudad que me recibe con buena cara. Y duermo hasta tarde, y me levanto a comer y platicar con mi hermana y mi mamá del viaje y les enseño durante horas en la tele las casi mil fotos que tomé. Pero la verdad es que no me siento a gusto en casa ni en estas calles y todavía tengo una semana libre y no pienso pasármela en casa ni volver a la oficina todavía. ¿Qué tal ir a ver a mis abuelos y tíos en Michoacán? Listo, ya está el plan otra vez pero ahora será en mi coche.
La Piedad. 27-Jul-08. Domingo.
Hago las maletas apresuradamente y de manera irresponsable tomo el coche sin revisarle nada aparte del nivel de gasolina. Siempre me ha gustado mucho manejar en la carretera, lo encuentro relajante no sé porqué. Pero normalmente en otras salidas a carretera solía pisarle a fondo, a lo que diera el coche, pero no esta vez, me fui tranquilo sin ninguna prisa. En menos de cuatro horas ya estaba en la casa de mis abuelos. Hacia siete años y medio que no los veía, y todo ése tiempo es mucho, sobre todo para ellos que pasan de los ochenta. Y todo cambia en ése tiempo, yo recuerdo muy diferentes todas las cosas en ésa ciudad donde viven ellos, y muy diferentes mis tíos y algunos de mis primos y sobrinos a quienes vi por última vez cuando estaban en la primaria y que ahora ya van a la universidad y otros de ellos ya con hijos pequeños que yo ni conocía, eso me perturba un poco, sobre todo por primos de mi edad con por lo menos un hijo. Y todos me preguntan qué yo para cuándo y qué cómo está mi novia y yo respondo… -no sé, aunque debería decir –no tengo.
La Piedad. 28-Jul-08. Lunes.
Visita a otros de mis tíos, mismas preguntas y mismas respuestas. Compras para la despensa de mis abuelos y en la noche una visita a mis padrinos de bautizo y les cuento mis aventuras del viaje y… esperen alguien llega a la casa, dos muchachas, pero ¿quiénes son? ¡¡noooo!!, ¿en serio?… ¡que primas tan guapas tengo, qué lástima, caray! De verdad que el tiempo no pasa en vano.
La piedad. 29-Jul-08. Martes.
La vida aquí transcurre a otro ritmo. Todo está cerca para mí, aunque a ellos les parece lejos algo que tome más de 10 minutos en coche. Platico con mi primo Rafa, que es un poco menor que yo y me presenta a su hijo de 5 años y a su esposa que está embarazada del segundo. Me hace poner toda mi vida y mi situación en perspectiva. Y mi primo no es la excepción, también me pregunta si ya voy a casarme y yo solo atino a sonreír y después de un momento le digo que ni siquiera tengo con quién, y él me dice muy tranquilo: pues aquí hay muchas para escoger, quédate un tiempo y verás…
Morelia. 29-Jul-08. Miércoles.
Dejo La Piedad a medio día, y a mis abuelos tristes. Carretera de nuevo y mi música en el estéreo. El camino es muy tranquilo, casi tanto como la ciudad de mis abuelos. Y llego a Morelia, un lugar más dinámico pero aún así lejos del caos del D.F., se me antoja vivir aquí. Llego a la bonita casa del más joven de los hermanos de mi mamá. La última vez que vi al mayor de sus hijos, corría, gritaba y jugaba por toda la casa de mis abuelos, ahora me saluda muy serio y dice “buenas tardes”, me parece curioso y me siento sumamente viejo cuando me dice que está por entrar a la universidad, chále. Platicamos un rato y les doy algunos malos consejos a mis primos cuando sus papás se descuidan. Les cuento a mis tíos del viaje y les enseño algunas de las fotos que todavía traigo en la cámara, pero después de un silencio incomodo de esos que nunca faltan, mi tío me sorprende con una pregunta que yo para nada esperaba; sin compasión dice: ¿y qué, no hay esperanzas de reconciliación…? Porque ya me enteré de que… (gracias, mamá, sé que tu intención era que no tocaran el tema, pero bueno…) y la charla se prolonga entre ése y otros temas hasta que ya es un poco tarde.
El regreso a casa es muy tranquilo y al atravesar la laguna de Cuitzeo me es concedido éste increíble momento que considero pone el punto final a éste, “mi viaje”.
Visita a Real de Catorce con una innecesaria escala en San Luis Potosí y otra necesaria en Matehuala. Llegué como a las siete p.m. tras atravesar el túnel de Ogarrio que inicialmente era una simple mina y que ahora es la principal entrada al pueblo. Fui recibido por un grupo de niños muy "acomedidos" y acompañado por uno de unos siete u ocho años, cuyos padres seguramente son unos hippies gringos que se enamoraron del lugar, busque y encontré hotel.
Procedí a explorar un poco el pequeño pueblo y luego procedí a explorar el interior de unos vasos con whisky en un bar rockero con unos weyes de nombre "Estación Wirikuta". Excelente experiencia. Ya como a la una y media de la mañana en estado incrospido regrese a mi cuarto de hotel acompañado por la sensual soledad que viene en este viaje conmigo, pero ni siquiera acá estando lejos de mi dolor puedo dormir apropiadamente.
Domingo 13 de julio.
Hoy encontré a un pequeño guia que no sabía mucho realmente, pero era muy tierno oír como contaba las pocas cosas que sabe, como que las aprendió de memoria y las recita como cuando yo recitaba poemas en la primaria el día de las madres. Vi el palenque, el panteón y la alameda. Todo es precioso, pero lo mejor son los paisajes y la gente sencilla y buena.

Después fui a lo que llaman "el pueblo fantasma" montado a caballo, creí que seria mas difícil controlar a la bestia, pero se me hizo realmente fácil, hasta tome fotos mientras iba montado. El pueblo fantasma es una zona de ruinas antiguas que hace unos ciento cincuenta años funcionaban como minas, es un lugar fabuloso. Me va a faltar visitar algunos lugares y comer peyote, pero ni modo, quiero seguir con el plan.

Conocí a Ángel, un artesano al que le compre un collar de jade en forma de peyote o hikuri, como le dicen los huicholes, me quede platicando muy a gusto con el un rato y al final hasta me invito a quedarme a acampar cerca de su casa si quería y no me cobraría nada, bastaba con que cooperara para comprar leña con la que hacen “el circulo de fuego” alrededor del cual cotorrean toda la noche y comen peyote, pero no, ya iba de salida. A lo largo del tiempo me he hecho la costumbre de comprar un collar durante cada viaje en los puestos de artesanías, guardo el anterior y no lo vuelvo a usar, solo uso el nuevo hasta que vuelvo a salir de viaje y consigo otro. Pero esta vez “el anterior” no iba a guardarlo como siempre, ése venia de un viaje que me trae recuerdos que me ponen muy triste, no porque sean recuerdos tristes, todo lo contrario, son memorias buenas pero no sé si las podré repetir con quien quiero tanto. Ni modo, el destino de ese viejo collar café sólo el Makanaqui lo podrá contar…
Después de platicar con el Angelito me encamine hacia la salida del pueblo, la salida “fresa”, por el túnel de Ogarrio y pregunte si me podía ir caminando en vez de tomar el camioncito que te saca del pueblo por ese increíble túnel y sí, se puede salir a pie si uno quiere auque tiene unos 3 kilómetros de largo pero no importo, me fui caminando unos tramos y otros corriendo porque tenia que llegar al otro lado antes de que se fuera el autobús que va para Matehuala y es que si se me iba ése tendría que esperar tres horas al siguiente.

Al fin creo que mi condición física esta mejorando porque llegue al otro lado mucho antes que el camioncito ése. Y cuando iba caminando por el túnel a alguien le pareció que yo era un buen motivo para una foto porque de repente en la oscuridad ¡flash! me lamparearon con una cámara. Estaría increíble tener una copia de esa foto.
[El regreso a Matehuala no tuvo mayores aconteceres]
San Luís Potosí-Zacatecas. 13-Jul-08 Domingo, 14-Jul-08 Lunes y 15-Jul-08 Martes.
Llegue a la central de San Luís como a las ocho p.m. y la siguiente corrida a Zacatecas era hasta las 10:20, entonces a esperar más de dos horas. De San Luís a Zacatecas fueron más de cuatro horas de viaje pero vaya que valieron la pena. Casi a las tres de la mañana pude encontrar un hotel cerca del centro de Zacatecas y descanse como nunca, sí, esta vez sí pude dormir apropiadamente. Me levante y ordene mis cosas, saque el mapa de la cuidad y el teléfono del Makanaqui, salí a explorar y tomar fotos pero ¡chin! que se le acaba la pila a la cámara y eso precipito la decisión de llamar al cuate de mi hermana. Lo encontré vendiendo sus collares y cosillas en uno de los callejones cerca de la catedral. Excelente tipo, zapatista de corazón, neta. Generoso y dispuesto a tender la mano a los cuates y a los cuates de los cuates. Me dio chance de poner a recargar la batería de la cámara en la “tienda zapatista” que es un lugar que destina las ganancias al apoyo de las comunidades zapatistas en Chiapas. Me ofreció su casa para descansar o dejar mis cosas mientras recorría la ciudad, pero aunque Cris me dijo que era de toda la confianza, como buen chilango, no me animé sino hasta más tarde. Y mientras se recargaba la pila de la cámara, conocí el museo zacatecano que alberga entre muchas otras cosas un increíble mural huichol en el muro del descanso de la escalera. Luego a la Alameda y el jardín de la madre y ya, de regreso a recoger el cargador para encaminarme a la mina “El Edén” que es un fabuloso lugar ahora, aunque hace mucho tiempo era terrible para quienes ahí trabajaban, pero bueno, ahora se puede disfrutar ampliamente sobre todo con un guía tan cotorro como el que me toco. Al salir de la mina me refresqué con un manjar llamado “mangonadas”, que son como unas congeladas deliciosas que por tres pesos las vende un señor quien sin rastros de vergüenza dice que son un invento chilango que el se fusilo una vez que vino al DF. Luego, camino hacia el teleférico que desde la estación tiene una vista notable de la ciudad pero nada en comparación con la vista que hay a medio camino en el teleférico y a su vez esta no se compara con la que se puede disfrutar desde el cerro de la Bufa. Ahí conocí el panteón de los hombres ilustres y me subí hasta la cima del cerro aunque casi no lo logro porque debo decir que traía encima la mochila con unos 15 kilos.

Desde ahí la vista es “definitiva”, no hay nada más allá en cuanto a vistas de la ciudad. Luego, lo mas difícil fue bajar, ya no podía más, pero no había de otra. Baje lentamente por el costado del cerro hasta el centro y me encamine hacia el puesto del buen Oscar Makanaqui, eran casi las 6 p.m. y yo no había comido todavía pero por casualidad, creo, él tampoco así que nos fuimos juntos a comer al mercado, luego regresamos pero él tenia que quedarse otro rato vendiendo y yo me fui a seguir explorando, ya había decidido aceptar la invitación de quedarme en su casa. Caminé y caminé, tome algunas fotos y por alguna razón decidí que era momento de cortarme el pelo, pero no encontré otro lugar mas que uno llamado “Estética de Pao”, sí, ni modo. Ya estaba demasiado cansado de caminar y no seguiría buscando. Después regresé por Oscar para ir a descansar a su casa. Cotorreamos un rato de la vida, de los planes, del sistema y los ideales, etc., y me mostró el taller donde hace sus trabajos de artesanía y playeras. Al otro día ya estaba más repuesto y dispuesto a caminar, subir y bajar por la ciudad y recorrerla de lado a lado. Visita obligada al museo Rafael Coronel con sus más de 10,000 mascaras dentro de las ruinas de un viejo convento, increíble lugar. Luego al museo Pedro Coronel que contiene una colección de arte de todo el mundo ¡wow! Y de ahí al acueducto y al hotel quinta real y a la iglesia gótica de Fátima, todo fabuloso. Pero donde ya no pude y me gano el sentimiento fue en el parque cerca del acueducto, comencé a recordar cosas y me venció la nostalgia, en fin, que le voy a hacer, todavía no puedo. Pero ya se me andaba haciendo tarde y me fui de volada a la tienda zapatista antes de que se fuera Oscar. Y ahí me tome un café hecho con el grano traído de Chiapas, muy sabroso y compre una playera de las que hacen en el taller y ya, fuimos por mi mochila a su casa y me encamine hacia Torreón para ir en busca de Cuatrociénegas y la Zona del silencio.
Increíble ciudad esta de Zacatecas, seguro que volveré y ojala también vuelva a ver al buen Oscar.
Cuatrociénegas. 15-Jul-08 Martes-16-Jul-08 Miércoles.
Llegue a la central de Torreón casi a las 12 de la noche y para mi suerte el ultimo autobús a Cuatrociénegas había salido media hora antes ¿y ahora? Pues me valió madre y me quede a dormir en un rincón de la central después de comprar el boleto para el siguiente camión que salía a las 7:30 de la mañana. No recuerdo bien pero creo que fueron como tres horas y media de camino para descubrir ese increíble lugar en medio del desierto aunque desgraciadamente no tiene la infraestructura suficiente para atender al turista común y corriente como yo. En fin, investigue, explore el pueblo y en palacio municipal me mandaron con una asociación llamada “Desuvalle” y ellos me dieron los números de teléfono de algunas personas que me podían dar el tour por las posas del desierto. Escogí al primero de la lista y, luego de averiguar como demonios se marca en ése pueblo desde un celular a un teléfono fijo, pude hacer contacto con un tal Heriberto Lugo, don Beto, como me dio por llamarle después de un rato. Gran personaje, antes minero y ahora dedicado con pasión a la atención del turismo.


Me dio el recorrido normal por las posas que están abiertas al publico y a las increíbles dunas de yeso, pero además de manera clandestina e ilegal nos metimos a una posa que esta dentro de una propiedad privada y ahí pude nadar y aventarme unos clavados de panza y de bomba por que no es muy profunda, apenas unos dos metros en su parte mas honda. Éste es un verdadero oasis en el desierto, lastima que el tema del turismo esta tan mal manejado, sobre todo porque la gente del pueblo se dedica solo a eso. ¿y don Beto? Un personajazo que a sus 78 años anda queriendo aprender a volar parapente para ofrecerlo a los turistas como otra de las actividades del lugar. ¿Qué tal?
Cuatrociénegas-Torreón-Chihuahua. 16-Jul-08. Miércoles (noche). 17-Jul-08. Jueves.
Después de la pequeña pero memorable aventura en cuatrociénegas regreso a Torreón sólo para encaminarme a Chihuahua ya que Don Beto me quito la intención de ir a la zona del silencio porque me dijo que realmente no había nada que ver ahí, que mejor no perdiera mi tiempo y le hice caso pues se gano mi respeto desde el principio y eso que siempre tengo problemas con la gente mayor, pero no con él.
Llegando a Torreón tuve mas suerte en el trasbordo a Chihuahua pues estaba a punto de salir el autobús y así como me baje de uno me subí al otro para avanzar hacia la ciudad mas al norte de mi recorrido con la idea de transbordar también inmediatamente rumbo a la siguiente parada, pero no se pudo porque el tren a las Barrancas del Cobre solo sale una vez al día y es por la mañana, así que tuve que quedarme un día en la capital del “estado grande”. Nunca me había llamado la atención ésta ciudad y la verdad es que era por ignorancia pues es muy bonita, cuidada, limpia e interesante, llena de historia y de gente buena, sencilla y amable, además de muchas chicas muy lindas por todos lados. Y aunque me faltaron muchos lugares por recorrer, puedo decir que fue muy bueno haber pasado todo el día recorriendo y conociendo a pie tanto como pude: el centro histórico, la catedral, el palacio de gobierno, la plaza libertad, las fuentes bailarinas en la noche, un muy divertido recorrido en el “troley” por diversos lugares históricos acompañados de unos actores que montaban representaciones de eventos ocurridos en sus calles y edificios antiguos.

Y bueno también aproveché para realizar un par de acciones estratégicas, como llevar a una pequeña lavandería mi ropa sucia y meterme a un café Internet para chatear un poco con la banda y contestar algunos e-mails ¡ah! y también, claro, para comprar los boletos del tren para salir temprano al otro día con rumbo sur-poniente hacia la estación divisadero en medio de la sierra tarahumara.
Chihuahua-Divisadero. 18-Jul-08. Viernes.
El tren sale a las 7 a.m. y te piden que llegues media hora antes, así que tuve que levantarme como a las 5 y media para arreglar todas mis cosas y dejar el hotelito que ocupe por dos noches. Llegue a la estación como al veinte para las siete y ¡madres! Estaba todo lleno de gente, unos esperando subir al tren y otros haciendo fila para comprar su boleto ¿apenas? inches flojos. Pos ni modo, me puse en la fila de los que íbamos a subir al tren y afortunadamente subí rápido. Mi primera vez viajando en tren, mágico.

Creí que sería pesado y aburrido pues serían siete horas hasta mi destino pero no, todo lo contrario gracias a mi compañera de asiento. Una chica de mi edad que viajaba con su hija y una sobrina e iban a un pueblito llamado San Juanito, la tercera estación desde Chihuahua, y aunque solo fue durante la mitad de mi trayecto, me hizo la mañana esa linda mujer de ojos verdes y dulce carácter, tan platicadora y dispuesta a escuchar y a sonreír y a sorprenderse con cualquier detalle que el paisaje ofrecía, y vaya que si los ofrecía, todo el recorrido es para disfrutarse: cascadas, ríos, montañas, sembradíos de manzanas, pinos, bosques, pueblitos perdidos en la sierra, el olor de la madera fresca, etc., etc., una experiencia que no voy a olvidar jamás y seguramente repetiré algún día acompañado de quien mas quiero (eso espero). Sara, la chica de ojos verdes y sus pequeñas acompañantes se bajaron, pero antes nos tomamos unas fotos e intercambiamos direcciones de e-mail y yo le prometí mandarle ésas fotos cuando pudiera y ella prometió escribirme cuando regresara a Irving, el lugar donde vive en Estados Unidos cerca de Forth Worth en Texas. Nos dimos un abrazo y adiós “un gusto conocerte” (nunca dicho con mas sinceridad). El tren y yo continuamos y pasamos Creel, Pitorreal, llegamos a Divisadero y para abajo a explorar y conocer, buscar hotel y un lugar para comer porque ya traía un hambre tremenda. Pero a pesar de que inmediatamente que uno se baja del tren puede oler las garnachas que se venden a un lado de las vías, preferí ir a investigar pues además todos los puestecitos ya estaban llenos de hambrientos iguales a mí, pero yo me aguante por que además la mayoría de ellos se volvería a subir al tren unos 15 minutos después y dejarían mas tranquilo todo para poder comer a gusto. Mientras, me fui al mirador y conforme iba acercándome a la orilla crecía la emoción pues la vista es ESPECTACULAR, así, con mayúsculas, en serio. Nunca ningún lugar me había impactado tanto como la Barranca del Cobre, lo juro. Será todo un reto encontrar algo natural que me impresione tanto. Se puede ver como las nubes están muy, muy debajo del lugar donde se esta parado, es enorme, es… indescriptible. Mi lugar favorito del mundo. Unos momentos después, pero aún sin haberme repuesto del impacto, procedí a comer y preguntar por un lugar para quedarme en la noche, y encontré unas cabañas en el pueblo de Areponapuchi que esta a unos tres kilómetros de la estación y desde donde también se pueden observar las barrancas pero desde un punto diferente y según yo, mucho mejor, mas impresionante y no puedo dejar de decirlo, es hermoso este sitio, no hay nada igual. Y el pueblo es como de cuento, lo atraviesan ríos con cascadas, hay niños jugando en los prados y el olor a bosque es tan profundo que se siente una paz y una tranquilidad que dan ganas de quedarse, de quedarse para siempre…
Divisadero y Areponapuchi. 19-Jul-08. Sábado.
Me levanto y almuerzo unos huevos revueltos en el pequeño restaurante junto a las cabañas y me termino de despertar con la ayuda de dos tazas de café bien cargaditas. Mientras desayuno conozco a una familia que viene de Phoenix, muy serios pero muy amables: dos señoras, dos muchachas, una niña y un señor (¡pobre señor!). Como a las 10 a.m. comenzamos todos juntos el recorrido en camioneta por varios de los miradores a las orillas de la barranca, el mas notable es el que llaman la piedra volada, muy celebre en estos días porque cuentan que hace una semana cayó de ahí una señora y se mató obviamente y se supone que ya no se puede uno ir a parar allí pero ¡ja! mírenme ahí estoy.

Aunque ahora siento algo de culpa porque en cuanto vieron que yo andaba ahí, muchos otros quisieron ir también y nadie los detuvo, espero que no haya pasado nada. Continuamos el recorrido y llegamos a otro sitio con una vista muy bonita y venta de artesanías y un puente colgante sobre la barranca que hace mucho ruido y espanta a las mujeres y hace que tomen el camino que va por la orilla. Por ahí encontramos a unos menonitas o algo así, cerca de 15, la mayoría mujeres, muy raros o curiosos, pocos hablan y nadie se separa del grupo, todos gueros, gueros y huraños… compre un par de cosas a los artesanos tarahumaras, una parada mas en otro mirador y ya, regresamos a las cabañas como a la una y media…y ¡chin ahí voy de nuevo!
(Paréntesis) Sábado, una y media de la tarde. A esta hora normalmente iba de camino de la casa de Paola y es muy fuerte lo que siento ahora y me viene una pregunta que me lastima y de la que no tengo respuesta: ¿preferiría estar de camino a ver a Paola en vez de estar disfrutando de este maravilloso lugar? Sniff…sniff… se me hace un nudo en la garganta, por fortuna suena a lo lejos el tren que va a “Shihuahua” (así lo pronuncian acá) y me distrae un poco. –ahora que capturo mis notas del viaje se me ocurre una respuesta: preferiría estar aquí con ella-
Hay un par de cosas todavía que quiero hacer aquí en las barrancas: paseo a caballo hoy en la tarde y mañana tempranito caminar hacia el fondo de la barranca, a ver hasta donde llego…
…el paseo a caballo ha sido hasta ahora la mejor experiencia de mi vida. Fueron tres horas de recorrido entre el bosque de pinos en la sierra, atravesamos por ríos y cascadas, vi varias casitas del pueblo tarahumara en medio de la nada y de pronto se escucho el cencerro de unas cabras que andaban unos cien metros por debajo de nosotros y el ultimo tramo antes de desmontar fue por un muy estrecho camino a lo largo de un desfiladero enorme y donde había que confiar en la bestia sobre la que iba montado, pero esta ha sido sin duda la mejor parte del viaje hasta ahora. Al final del desfiladero ése desmontamos y caminamos unos 500 metros hasta llegar a una peña enorme a la que llaman “el guardián”. Desde allí se pueden ver varias cosas a la vez: la unión de la Barranca del Cobre con la de Urique, el cerro llamado “el puerto” debajo del cual nace el río, mismo que, desde donde estábamos se podía oír perfectamente como rugía pues en estos días lleva muchísima agua y según el guía debe tener unos cien metros de ancho en el fondo del valle, una maravilla. Muy tentador fue la idea de bajar al fondo de la barranca y llegar a las aguas termales al otro lado de la sierra, pero eso tarda unos cinco días: uno para bajar, uno para recorrer el río, otro para subir a las aguas termales, uno mas para regresar al fondo del valle y otro para subir de nuevo a Divisadero, unos $ 1,200 por día para los guías, la comida, agua, chelas, casas de campaña, etc., y no me resulto costeable aunque si lo considere seriamente… ni modo otra vez será.
Divisadero-¿Los Mochis? 20-Jul-08. Domingo.
Me levanto, desayuno y preparo mis cosas para dejar la cabaña. Salgo a caminar hacia la parte alta del cerro para despedirme de la barranca desde ese punto. Pasé como una hora ahí, contemplando la vista, pensando y llenándome de tranquilidad. Regreso a la cabaña y espero la camioneta que me llevara a la estación para esperar el tren e irme a Los Mochis. Llegamos y voy al mirador, recorro los puestos de los tarahumaras, compro un par de cosillas, espero y llega el tren pero… ¡sorpresa! Viene totalmente lleno y no dejan que nadie más se suba, nadie, ni uno solo y nos quedamos ahí casi 30 confundidas personas con los planes rotos. Había dos guapas españolas y un español que parecía mexicano, un grupo de 18 franceses y francesas y algunos nacionales conmigo. ¿Y ahora? Preguntamos y tratamos de ponernos de acuerdo para rentar camionetas que nos llevaran hasta Los Mochis, pero pedían demasiado, mil varos por persona, así que no, nadie quiso y cada quien a replantear su viaje. Me quede pensando y considerando mis opciones pues no habría otro tren si no hasta mañana y no hay otra forma de llegar a Los Mochis desde Divisadero. Saque algunos papeles de la mochila, la guía de carreteras y cayeron al piso unos folletos que me dieron en la oficina de turismo en Chihuahua con información de varios lugares de interés en el estado, entre ellos Basaseachi. Y me dije: ¿por qué no? Pos va, no estaba en los planes pero que más da. Y me puse a investigar como llegar allá y las opciones fueron: esperar el tren y regresar rumbo a Chihuahua y bajarme en San Juanito, ó tomar un autobús hasta otro pueblo llamado La Junta y ahí transbordar hacia el Parque nacional de Basaseachi. Me decidí por el bus, y en el conocí a una señora, Silvia, y me recomendó a un buen guía en Basaseachi y me contó su vida y de cómo un indio tarahumara la curó del cáncer y otros padecimientos y bla, bla, bla, bien cotorra la señora y muy amable como toda la gente de por acá.
Y llegue al pueblo ese de La Junta, un lugar perdido y sin mucho chiste creo yo más que la estación del tren. Compre mi boleto para el bus que sale mañana temprano a la cascada y surge una nueva pregunta: ¿habrá algún hotel en este pueblo? Decido interrogar a la chica que vende los boletos del autobús y me dice orgullosa que sí, que hay tres hoteles tres, uno “de primera” según ella y otros dos mas sencillos, yo solo quiero uno que tenga baño y agua caliente, así procedo a investigar. El “de primera” era como tres estrellas, pero caro, como si fuera de cuatro, entonces no, ése no y el segundo que encuentro está bien para mí, al fin que solo es un rato esta noche. Y cuando veo el nombre del hotel, me viene una sonrisa espontánea: “El viajero”.
Parque nacional de Basaseachic. 21-Jul-08. Lunes.
Salí del hotel muy temprano para ir a esperar el autobús que me traería a un lugar del que yo no había oído absolutamente nada. El autobús venia lleno, pero yo ya había pagado mi boleto y esta vez no iba a dejar que me abandonaran a mi suerte y menos en ése pueblo perdido y sin chiste. Un descuido del chofer y voy para arriba aunque sea parado o sentado en el pasillo. Encontré “lugar” hasta el fondo del camión en un hueco que se hacia entre lo asientos de atrás, ahí acomode la mochila y vamonos, para cuando el chofer se dio cuenta ya era tarde. La frase “no hay mal que por bien no venga” nunca fue mejor aplicada. Creo que la suerte ha estado conmigo todo el camino hasta ahora o será que he tomado buenas decisiones. Los lugares que he visitado son muy bellos, pero Basaseachic…es lo máximo. Sí, ya se que había dicho que las barrancas del cobre eran lo mejor y todo, pero este sitio me llega por mi lado débil: el agua. Al bajarme del autobús y dar vuelta en la primer esquina que creo que es la única esquina del pueblo, tras dar unos pocos pasos encontré a un guía que me ofreció llevarme a diferentes recorridos, y conseguirme hotel y darme toda la información que necesitara, una joya, barato, yo no podía pedir mas. Y me dejo en un mirador desde donde se ve la caída de la cascada de frente como a dos kilómetros con una magnifica vista hacia el valle y me explicó que había un camino que llega hasta el fondo de la cascada y si yo quería podía bajar, aunque me advirtió que era una hora de camino hacia abajo por vereditas en medio de la sierra. Tome mis fotos desde el mirador y considere la idea de bajar, pero no creí poder bajar con la mochila a cuestas, así que busqué donde encargarla. El parque nacional de Basaseachi es en su mayoría un bosque de confieras, o sea, de pinos de todo tipo y recorrerlo hasta sus entrañas por vereditas que bajan serpenteando a lo largo del cañón ha sido fantástico, la mejor caminata de mi corta vida. Llegue hasta el fondo, hasta el sitio donde muere la cascada y nace un río entre enormes piedras y árboles muy verdes. La cascada trae mucha agua en esta época de lluvias y se escucha muy fuerte como cae el agua y rompe contra las rocas en el fondo y mientras uno baja se siente la brisa que poco a poco termina por dejarte completamente empapado, nada mejor para refrescarte después del intenso descenso. Estar ahí abajo es toda una experiencia, sentí una tremenda alegría, como cuando se consigue un triunfo importante y es que así es, llegar hasta abajo no es nada fácil, la mayoría se queda a medio camino en un mirador llamado “la ventana”, desde donde se tiene una muy buena vista de la cascada y del valle, pero no es nada en comparación con llegar hasta abajo y sentir esa brisa. Y justo cuando comenzaba a sentirme recuperado comenzó a llover muy fuerte, pero ya no importó, ya estaba todo mojado, solo comencé a pensar que el regreso sería mucho mas difícil, pero quien piensa en regresar, yo no, todavía no. Me quede ahí hasta que empecé a sentir mucho frío y ni modo, comencé el triste camino de regreso. Así es, fue más triste que cansado subir por la veredita porque me hubiera gustado quedarme mucho tiempo allí, por siempre, pero hay que enfrentar la realidad. Subí lento, muy lento pero aun así alcance a una familia de gorditos que ya empezaba a subir cuando yo iba llegando al fondo y pronto los deje atrás y un rato después llegue hasta arriba, muy cansado pero aún faltaba mucho para poder descansar. Recogí mi mochila y ahora con esos kilos de más, a caminar hasta el otro lado, hasta el sitio donde salta el agua al vacío, deben ser unos dos kilómetros y medio de bajada también en medio del cerro. Yo creo que ya iba en trance o algo así, porque ni siquiera paré a descansar y al llegar al otro lado tras una hora de caminata encontré un río que corría muy fuerte y atravesé un puente que va por encima de ese río y llegue hasta el frente del mirador desde donde se puede ver a unos pocos metros como se precipita el agua, es impactante, se me puso la carne de gallina, se escucha muy fuerte como ruge el río antes de caer… es difícil de describir. Y eso no es todo, el valle que ha formado el río antes de la cascada es bellísimo y me declaro incompetente para escribir las palabras que lo describan con justicia. Si pudiera escoger un lugar para morir cuando me llegue la hora, sería éste, aquí me gustaría dar mi último aliento.

Basaseachic-Ciudad Obregón-Los Mochis. 22-Jul-08. Martes.
Cuando pregunte cuanto tiempo hacia el autobús hasta Ciudad Obregón creí que sería muy pesado y sí, lo fue, pero valió la pena sólo por el camino, pues fueron cerca de ocho horas atravesando la sierra que en esta época del año regala los mejores paisajes, todo verde, los ríos llenos de agua, las peñas, las enormes montañas de pura roca, etc. Y estoy seguro de que Hobbiton realmente existe y está en medio de esta hermosa sierra. Realmente disfrute el estado de Chihuahua aunque sé que me faltó visitar muchos lugares mas, pero ha sido realmente bueno venir hasta acá, a ver como me va en Sonora, Sinaloa y en Los Cabos. Aunque creo que será mucho más breve mi paso por ésos sitios porque solo veo la siguiente meta: el puerto de Topolobampo para tomar el ferry hacia La Paz.
Los Mochis-Topolobampo-La Paz. 23-Jul-08. Miércoles.

Llegue a los Mochis de madrugada, y en calidad de bulto busque un hotel, esta vez sin importar el costo solo quiero acostarme a dormir, por suerte el taxista me dejó en uno barato y bastante cómodo, hasta con tele. Pero el clima aquí es horrible, me sofoco, se me acaba el aire… muero…mue…ro…coff...coff…arrrgghhh…¡oh! ahí esta el climatizador, tal vez lo alcance antes de derretirme completamente… sí, ya está, lo enciendo y… ¡funciona! Muy bien la suerte sigue conmigo. Dormí regular a pesar de estar tan cansado, pero el calor es insoportable. En la mañana me levanto y almuerzo hasta saciarme pues anoche también me moría de hambre pero el sueño era más fuerte. Ya investigue como ir a Topolobampo ó “Topo” como le dicen aquí: a dos cuadras del hotel pasan unos camiones guajoloteros que me dejan cerca del puerto, pero me da miedo salir a la calle con ése calor a caminar dos cuadras, pero ni modo, no hay de otra. Antes de salir me entero de que el hotel tiene compu con Internet y decido contestar algunos e-mails. Ojala tuviera que contestar alguno de “ya saben quien”, pero no, no tengo ninguno de ella, ni debería tener. Salgo del hotel “firme y digno” a enfrentar el calor de Los Mochis y subo al camión ése en el que el chofer escucha a todo volumen canciones dolidas de Rocío Durcal que me lastiman y me hacen apretar puños y dientes, ¡chale! Llegamos y conozco en la calle a una señora que anda mas perdida que yo a pesar de ser de La Paz. Averiguamos juntos de donde sale el ferry y compartimos taxi porque resulta que no estaba tan cerca de donde nos dejo el camión ése de los dolidos. Compre mi boleto y a esperar tres horas para abordar. Y pregunte en cuanto tiempo llegaba desde “Topo” hasta La Paz -unas seis horas, dijo la linda señorita que vende los boletos, sí, hay muchas guapas por acá también, yo creo que el calor las mantiene delgadas y en buena forma. Pero poco a poco comencé a sentir nervios y como que algo no me latía, pensé que me iba a marear en el viaje y a vomitar, no sé, tenia un mal presentimiento. Y mientras esperaba llegó el ferry de La Paz y comenzó a descargar y a desembarcar toda la gente que no era mucha, pero si muchos los trailers, camiones, coches, etc., nunca pensé que sería tan grande, unos niños al lado mío contaron los trailers que bajaron: 27, además de camionetas, autobuses y otros. Impresionante. Y llego la hora de subir y buscar mi asiento y separarme de la señora ésa perdida porque yo tenía boleto con asiento asignado y ella no, a pesar de que ella lo compró antes que yo (se me hace que funcionó hacerle la plática a la de los boletos). El viaje es toda una experiencia, el movimiento del barco casi no se siente, pero si es medio molesto el constante ruido de los motores y la vibración durante todo el viaje. Al final no paso nada de lo malo que había pensado, pero si algo que no pensé: un caos total al llegar a La Paz, una fila enorme para bajar del ferry en la que nos hicieron esperar casi una hora, muy estresante y luego otra fila para revisar minuciosamente las maletas. No la pasé nada de bien allí, me estresé mucho y ya iba cansado y con sueño, pero lo peor estaba por venir. En mis planes estaba ir directamente a Cabo San Lucas sin detenerme en La Paz y así fue, pero ojala lo hubiera reconsiderado. Me aferré a irme inmediatamente y me subí al único autobús que iba a Los Cabos, pero ya iba lleno y tome la pésima decisión de irme en él aunque fuera parado pero… ¿tres horas y cansado, con sueño y medio de malas? Cualquiera diría: ¡no mames, que pendejo! Y pues sí ni como alegar. Fue un infierno, como a la hora ya no sabía que hacer, casi me voy a sentar al baño, pero con ése olor… Termine sentado y luego acostado en el pasillo del camión… ¿así o mas triste? y todo por no reconsiderar. A final llegamos y comenzó un peregrinaje por varios hoteles que estaban llenos, hasta que di con éste donde ahora escribo esto.
Cabo San Lucas. 24-Jul-08. Jueves.
Llegue como a las cuatro de la mañana con la espalda hecha pedazos, cansado y muerto de sueño. Mi inglés no es muy bueno, pero de alguna manera en ése lamentable estado en que llegue me hice entender con el ruquito gringo que me recibió en el hotel. Entre mi mal inglés y su pésimo español (¿o al revés?) acordamos el costo y los días que me quedaría y todo lo demás.
Cabo San Lucas es muy bonito, se pueden hacer muchas cosas si tienes ganas, tiempo y lana (en pesos o dólares, los reciben igual) pero al irme a tirar a la playa me di cuenta de que había sido una muy mala idea escoger un destino como éste. Venir y oír el mar y sentir el agua salada y ver en el horizonte nada más que el océano y el cielo, me trae muchos, muchos recuerdos y me empieza a ganar la nostalgia hasta el punto de arrepentirme por completo de estar aquí. Pensaba quedarme algunos días, pero mejor no. A rehacer el plan otra vez. Ni las decenas de gringas en bikini me distaren de la tristeza. En el plan también estaban Mazatlán y Vallarta, pero ya no más. Iré allá en el futuro. Solo hay algo que no puedo dejar de hacer: ver el célebre arco de piedra tan famoso y que aparece en las fotos de todos los que vienen. Decido hacerlo en kayak y es que desde la playa donde estoy no se ve, así que hay que ir en lancha, waverunner o algo y a pesar de que me dicen que no me conviene en kayak por lo fuerte que esta el viento, yo ahí voy de necio. La ida y vuelta me tomaron casi dos horas de remar y fue muy divertido sentir que a veces las olas casi me volteaban y llegar hasta el arco donde el mar rompe muy fuerte y finalmente conseguí lo que quería: terminar bien cansado para poder dormir mas fácil… tan a gusto que andaba allá lejos del mar. Mañana haré un nuevo itinerario.
Cabo San Lucas… ¿? 25-Jul-08. Viernes.
No me siento cansado y tengo suficiente lana todavía, pero estoy vencido, venir a la playa fue realmente muy mala idea y no me di cuenta de ello sino hasta que vi el mar y sentí la arena en los pies. Debí quedarme más tiempo en Real de Catorce y en Zacatecas y en Chihuahua y en Basaseachi. Confieso que desde el principio me paso por la cabeza la idea de que no debería ir a ninguna playa porque sabia lo que podía remover dentro de mí, pero decidí enfrentarlo… y perdí. Ya no tengo ánimos de nada, solo pienso en regresar a casa y dejar de huir y volver a la realidad. Me encanta el mar y disfruto mucho flotar panza arriba y ver el cielo o meterme bajo las olas cuando rompen en la playa y nadar mar adentro hasta cansarme o quedarme echado en la arena y oír las olas, pero no así, no sin ella. Compré un boleto de avión de San José del Cabo a Guadalajara. Yo nunca había viajado en avión, fue una mas de las experiencias nuevas vividas en este viaje. “los viajes ilustran” dice la gente. Aunque me tocó en la ventana y cerca de la turbina de éste auténtico “guajolojet” que es mas bien como un autobús con alas, pude disfrutar el vuelo desde el momento en que toma velocidad para despegar, luego sentir como se separa del suelo de repente y después ver el mar desde el cielo y las nubes por debajo de uno. Mas tarde pasamos sobre las Islas Marías y se veían increíbles desde el aire, luego las costas de Vallarta, algo de turbulencia durante un rato y finalmente la Ciudad de Guadalajara, un intento fallido de aterrizaje por causa de la lluvia, una vuelta mas por encima de la ciudad, más turbulencia y ahora si, un exitoso aterrizaje. Al llegar pensé en seguir rumbo a Patzcuaro y Morelia y después la Piedad, pero quiso el destino que no coincidiera mi llegada con la salida de ningún autobús a ninguno de esos destinos y no quise quedarme en Guadalajara. Ya con los ánimos por el suelo y con decenas de salidas de autobuses a México decido volver a casa una semana antes de lo planeado. Quedó pendiente en el itinerario el ferry de La Paz a Mazatlán y Puerto Vallarta y San Blas y el paso por el Bajío, pero esto no ha terminado.
México, casa. 26-Jul-08. Sábado.
6:10 a.m. Volver a casa debería ser motivo de alegría, aunque no estuve mucho tiempo fuera, pero ver rostros conocidos y la gente que quiero debería ser bueno. La pasé realmente bien durante casi todo el viaje, pero como pasa con todas las cosas importantes, basta con solo un pequeño detalle para echar todo abajo, como mis ánimos. Sin embargo, no podré olvidar nunca éstas dos semanas que quedaran por siempre como un de los highlights de mi vida. Alcancé la mayoría de los objetivos que me plantee desde el principio y no me refiero solamente a los lugares que visite, sino también a otros objetivos más bien “espirituales”. Por suerte llegué de madrugada a ésta caótica ciudad que me recibe con buena cara. Y duermo hasta tarde, y me levanto a comer y platicar con mi hermana y mi mamá del viaje y les enseño durante horas en la tele las casi mil fotos que tomé. Pero la verdad es que no me siento a gusto en casa ni en estas calles y todavía tengo una semana libre y no pienso pasármela en casa ni volver a la oficina todavía. ¿Qué tal ir a ver a mis abuelos y tíos en Michoacán? Listo, ya está el plan otra vez pero ahora será en mi coche.
La Piedad. 27-Jul-08. Domingo.
Hago las maletas apresuradamente y de manera irresponsable tomo el coche sin revisarle nada aparte del nivel de gasolina. Siempre me ha gustado mucho manejar en la carretera, lo encuentro relajante no sé porqué. Pero normalmente en otras salidas a carretera solía pisarle a fondo, a lo que diera el coche, pero no esta vez, me fui tranquilo sin ninguna prisa. En menos de cuatro horas ya estaba en la casa de mis abuelos. Hacia siete años y medio que no los veía, y todo ése tiempo es mucho, sobre todo para ellos que pasan de los ochenta. Y todo cambia en ése tiempo, yo recuerdo muy diferentes todas las cosas en ésa ciudad donde viven ellos, y muy diferentes mis tíos y algunos de mis primos y sobrinos a quienes vi por última vez cuando estaban en la primaria y que ahora ya van a la universidad y otros de ellos ya con hijos pequeños que yo ni conocía, eso me perturba un poco, sobre todo por primos de mi edad con por lo menos un hijo. Y todos me preguntan qué yo para cuándo y qué cómo está mi novia y yo respondo… -no sé, aunque debería decir –no tengo.
La Piedad. 28-Jul-08. Lunes.
Visita a otros de mis tíos, mismas preguntas y mismas respuestas. Compras para la despensa de mis abuelos y en la noche una visita a mis padrinos de bautizo y les cuento mis aventuras del viaje y… esperen alguien llega a la casa, dos muchachas, pero ¿quiénes son? ¡¡noooo!!, ¿en serio?… ¡que primas tan guapas tengo, qué lástima, caray! De verdad que el tiempo no pasa en vano.
La piedad. 29-Jul-08. Martes.
La vida aquí transcurre a otro ritmo. Todo está cerca para mí, aunque a ellos les parece lejos algo que tome más de 10 minutos en coche. Platico con mi primo Rafa, que es un poco menor que yo y me presenta a su hijo de 5 años y a su esposa que está embarazada del segundo. Me hace poner toda mi vida y mi situación en perspectiva. Y mi primo no es la excepción, también me pregunta si ya voy a casarme y yo solo atino a sonreír y después de un momento le digo que ni siquiera tengo con quién, y él me dice muy tranquilo: pues aquí hay muchas para escoger, quédate un tiempo y verás…
Morelia. 29-Jul-08. Miércoles.
Dejo La Piedad a medio día, y a mis abuelos tristes. Carretera de nuevo y mi música en el estéreo. El camino es muy tranquilo, casi tanto como la ciudad de mis abuelos. Y llego a Morelia, un lugar más dinámico pero aún así lejos del caos del D.F., se me antoja vivir aquí. Llego a la bonita casa del más joven de los hermanos de mi mamá. La última vez que vi al mayor de sus hijos, corría, gritaba y jugaba por toda la casa de mis abuelos, ahora me saluda muy serio y dice “buenas tardes”, me parece curioso y me siento sumamente viejo cuando me dice que está por entrar a la universidad, chále. Platicamos un rato y les doy algunos malos consejos a mis primos cuando sus papás se descuidan. Les cuento a mis tíos del viaje y les enseño algunas de las fotos que todavía traigo en la cámara, pero después de un silencio incomodo de esos que nunca faltan, mi tío me sorprende con una pregunta que yo para nada esperaba; sin compasión dice: ¿y qué, no hay esperanzas de reconciliación…? Porque ya me enteré de que… (gracias, mamá, sé que tu intención era que no tocaran el tema, pero bueno…) y la charla se prolonga entre ése y otros temas hasta que ya es un poco tarde.
El regreso a casa es muy tranquilo y al atravesar la laguna de Cuitzeo me es concedido éste increíble momento que considero pone el punto final a éste, “mi viaje”.
lunes, 4 de agosto de 2008
Una "cálida bienvenida"
Me tomé algunos días de descanso fuera de la oficina y fuera de la ciudad y lejos de todo, me fui sólo a un viaje de "introspección y meditación", sí, aunque se oiga medio mamón o ridículo. Me hizo mucho bien, descanse, me relajé, pensé mucho en mis problemas, en mi futuro y conocí personas y lugares maravillosos de nuestro país, y me quedo con éso. Y al regresar aquí, a la oficina donde "vivo" me encuentro con mi lugar finamente decorado por mis compañeros que de ésta manera demuestran que me extrañaron tanto como yo a ellos:

Se los agradezco muchísimo, esto ha sido mil veces mejor que si hubiera regresado para encontrar mi escritorio limpío y aburrido tal como lo dejé hace tres semanas, en serio gracias, lo conservaré así algún tiempo, hasta que un cliente o alguien me vea de forma inquisitiva o coqueta.
¡PROXIMAMENTE LA BITACORA DEL VIAJE, ESPÉRENLA!

Se los agradezco muchísimo, esto ha sido mil veces mejor que si hubiera regresado para encontrar mi escritorio limpío y aburrido tal como lo dejé hace tres semanas, en serio gracias, lo conservaré así algún tiempo, hasta que un cliente o alguien me vea de forma inquisitiva o coqueta.
¡PROXIMAMENTE LA BITACORA DEL VIAJE, ESPÉRENLA!
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